¿Has notado alguna vez cómo algún aparato que sin razón aparente deja de funcionar? ¿Notas que se han dañado sin haberlo maltratado o haberle dado un mal uso? Cuando pasan ese tipo de cosas, seguramente te habrás dado cuenta que al querer repararlo o comprar una pieza de repuesto, o no los encuentras o los costos son tan altos que sale más rentable comprar uno nuevo. Entonces estás frente a lo que se llama obsolescencia programada.

El concepto de la obsolescencia programada y el impacto ambiental que está provocando, van de la mano por las consecuencias que este tipo de sistemas provocan en el mercado de demanda y oferta en ciertos productos, así como también otras consecuencias negativas desde el punto de vista ecológico.

En qué consiste la obsolescencia programada

Este es un concepto que se define como la programación premeditada de la vida útil de algún producto, es decir, su fabricación con la sistematización de que se convierta en un producto inútil en un tiempo determinado. 

El objetivo de la obsolescencia programada se basa en asegurarse de que el consumidor final compre el mismo producto varias veces y no una única vez, calculando y planificando previamente por parte la fábrica el reducir de manera deliberada el tiempo de vida de sus productos.

El tiempo de duración de algún producto debería estar ligado directamente al proceso de desgaste del mismo por un uso frecuente y constante, sin embargo, las empresas al aplicar la obsolescencia programada, definen una estrategia totalmente calculada para volver inútiles tus productos y dispositivos y hacerte comprar uno nuevo.

Un ejemplo claro de la obsolescencia programada y muy usado para explicar este concepto, es la fabricación de las primeras bombillas, las cuales se diseñaron para una duración de más de 1000 horas; décadas después, gracias a los avances de la tecnología, se logró que la vida útil de las bombillas se extendiera a más de 2 mil horas.

Los fabricantes al notar que las ventas bajaban debido a la durabilidad del producto, comenzaron a acortar el tiempo de duración de las bombillas para que los clientes se  vieran en la necesidad de comprar más de estas y aumentar sus ventas.

La ausencia de repuestos que impiden la reparación de los productos,  la descatalogación, las incompatibilidades de los accesorios y el continuo lanzamiento de nuevas versiones de los mismos productos, es una manera de llevar a cabo exitosamente la obsolescencia programada y por ende, el incremento del consumo que favorecen económicamente a las empresas y a las marcas, pero que crean gastos altísimos en los consumidores y el constante desecho de recursos que terminan contaminando el planeta.

La obsolescencia y su impacto en el ambiente

Según un informe emitido por la Organización de  las Naciones Unidas, se estima que anualmente se generan 50 millones de toneladas de residuos que provienen de productos electrónicos en desuso, de los cuales sólo el 20 por ciento es reciclado de manera apropiada. El resto simplemente se esparce en los vertederos de basura que son altamente contaminantes. Para el año 2050 se podría alcanzar los 120 millones de toneladas.

Muchos no están conscientes de este tipo de contaminación porque los vertederos de basura, que terminan siendo montañas de desechos no están a simple vista, se encuentran en lugares apartados llenos al tope de teléfonos, dispositivos electrónicos, ordenadores, entre muchos otros que dejaron de funcionar.

La obsolescencia programada se ha convertido en un depredador del medio ambiente, en el que la fórmula comprar – tirar – comprar, trae como consecuencia mayor acumulación de desechos de productos electrónicos que contienen materiales químicos peligrosos, que representan una importante amenaza para el medio ambiente, por su alto nivel de plomo tóxico y dioxinas cloradas, que incluso, están muy relacionadas al desarrollo de cáncer.

Es importante mencionar, que para poder fabricar los productos se requieren recursos primarios naturales y procesos industriales que también implican todo un proceso de producción con elementos contaminantes, que debido al alta demanda y consumo no solamente influye negativamente en el medio ambiente, sino también en los niveles de producción y la economía.

Fabricar un computador, por ejemplo, involucra el uso de más de 200 kilos de combustible, más de 20 kilos de productos químicos y más de mil litros de agua. Por lo que la obsolescencia programada y su impacto ambiental no sólo se limita a los desechos generados, sino a la cantidad de recursos utilizados en la fabricación de estos productos.



Qué hay de las leyes y las normativas

Hasta el momento, las empresas y las fábricas no están atenidos a cumplir obligaciones al respecto sin la existencia de una ley que específicamente hable de este tema, o sin la existencia de una denuncia por parte del consumidor que se refiere exclusivamente a la obsolescencia programada.

Los consumidores, los más afectados directamente, son quienes están en las manos de los entes que protegen al consumidor, pero cuando se tratan de denuncias de este calibre terminan siendo un trabajo a medias o en vano.

Sin embargo, en países de Europa, hay muestras de avances en regulación de la obsolescencia programada, siempre y cuando exista una denuncia de por medio.

Países como Francia, por ejemplo, han aplicado desde el año 2015 leyes que identifican la obsolescencia programada como un delito penado con prisión y multas. Por su parte, Italia tiene registros de importantes multas a empresas como Samsung y Apple debido a las múltiples denuncias por consumidores informados con el tema.

¿Qué podemos hacer?

No es un secreto que la publicidad agresiva y el mercadeo trabaja para sembrar la necesidad en sus clientes del constante consumo de sus productos, sin embargo, de parte de la sociedad está ser más alertas y más conscientes, eligiendo marcas que sepamos que son reconocidas por la durabilidad de sus productos.

Una manera de combatir la obsolescencia programada y su impacto ambiental es revisando las etiquetas de los productos y exigir tiempos de garantía acordes, que les permita acceder a una sustitución de piezas o repuestos que alarguen la vida los dispositivos electrónicos.

Agota todas las opciones de reparación o reemplazo de piezas e invita a tu familia y amigos a hacer un consumo consciente de sus dispositivos. Factores como una buena limpieza, mantenimiento constante y un uso de cuidado no combatirá la obsolescencia programada pero sí alargará lo más posible la vida útil de tus electrodomésticos.

Existen muchas organizaciones y empresas que se dedican a reciclar dispositivos electrónicos, repararlos, y venderlos a muy buen precio, puedes colaborar vendiendo tus productos dañados o comprando aparatos usados con detalles mínimos pero que igual cumplen con su función principal.

La economía circular es una buena opción para abrir oportunidades de garantizar que se disminuya la obsolescencia programada y su impacto ambiente. La participación de la sociedad es vital, así como también es responsabilidad de los entes gubernamentales legislar y aplicar el cumplimiento de las normativas que protejan al consumidor de estas prácticas y al mismo tiempo al medio ambiente.

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