Estás cortado del paño de la grandeza. Pero un recordatorio es menos de lo que viniste a buscar.

Nacemos reyes de nuestro destino. Y ciertamente la realeza es grandeza.

Sin embargo, muchos de nosotros abdicamos de la responsabilidad de nuestras vidas. Elegimos facilidad y conformidad por encima de nuestro derecho de nacimiento. Caemos en los patrones obsesivos de lo poco notable. Por lo tanto, nacemos capaces de todo, pero nuestros hábitos nos condicionan. La pregunta es, ¿cómo seguir siendo grandioso?

Los grandes saben quiénes son y en quién se esfuerzan por convertirse. Los grandes no se desvían.

Se fiel a ti mismo.

El grande es el que sostiene la pluma mientras se escribe la historia de su vida.

No temas a la soledad de la mente original.

Confía en tu propósito. Los grandes son recordados por lo que pudieron hacer por los demás.

Los grandes son dadores, líderes que sirven a su causa. Lánzate apasionadamente y haz tu contribución al mundo.

Los grandes saben cuándo marcharse, pero nunca renuncian. Aprende la diferencia. Persevera con inteligencia.

Cuando estés en la encrucijada de una elección difícil y con el afán de rendirte deberías cuestionar, repensar y crecer. Adaptarse y perseverar, es el indicativo de grandeza.

Comienza desde la honestidad para contigo mismo, pregúntate quién eres. Construye incesantemente tu camino para llegar a convertirte en quién quieres ser.

Sostén tu pluma. Toma tus propias decisiones, arriésgate, esfuérzate. Escribe tu historia.

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