Antes de que pienses “esto no va conmigo, ya estoy bien como estoy”. Déjame preguntarte. 

¿Cuánto tiempo podrías estar sin tu smartphone? 

Si te quitaran el internet durante una semana, lo verías como una oportunidad para disfrutar de tu propia compañía? Probablemente no. 

No puedes culpar al aburrimiento. Va más allá.

Muchos de nosotros no somos capaces de soportar el silencio de la soledad. Los arrepentimientos se precipitan en nuestras mentes como un torrente de agua en un cauce seco cuando llega la gota fría, abruptamente y de forma imparable. Todas esas cosas que no deberíamos haber hecho empiezan a paralizarnos, los pensamientos de apoderan de nosotros. Puede que incluso empieces a murmurar algunas palabras para ti mismo cuando el diálogo interno empiece a salir de tu cerebro. 

¿Cómo lo estoy tan segura? Porque le pasa a todo el mundo.

Cada vez más de nosotros tenemos dificultades para manejar los problemas de nuestras vidas. Mucho peor, nos cuesta identificar cuál es el problema. Es mucho más fácil vivir en compañía de la gente, acallando los murmullos internos siempre conectados al mundo virtual. 

Es por eso mismo que tienes que tomarte un tiempo solo para ti, para conocerte mar y para poner en orden tu cabeza.

Averigua quién eres realmente. Identifica los valores que aprecias. Reflexiona sobre cómo te gustaría crecer, que persona te gustaría llegar a ser, y qué es aquello que te gustaría lograr. 

Si uno de tus amigo se encontrase en esta situación le recomendarías que hiciera las paces con sus demonios internos. Así que aplícate el cuento.

Da un paso tras otro. 

Eres una obra maestra. Abraza lo que eres y deja atrás los remordimientos, es hora de continuar caminado hacia delante.

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