Hay dos datos importantes sobre el café que se deben conocer para comprender por qué es tan importante. Según la Organización de Café Internacional (OIC), el primero de estos datos es que después del agua, el café es la segunda bebida más consumida en el mundo entero y es el segundo producto más comercializado, después del petróleo.

Aunque esto es una realidad, la crisis del café y de toda una industria, está afectando tanto a productores, comercializadores y consumidores, creando una brecha de demanda, oferta, precio inicial y precio final.

Irónicamente, el café es la bebida más popular en países desarrollados, pero su cultivo y producción es llevada a cabo casi en exclusividad por países del sur de América. 

Existen dos vertientes del café; la arábica, que es la considerada de mejor calidad y cultivada en regiones de América Latina, Kenia y Etiopía, y por otro lado está la robusta; producida en Uganda, Brasil y Vietnam.

¿Por qué se habla de la crisis del café?

La crisis del café y la industria cafetera obedece a que se ha venido generando una sobreproducción del grano de café con respecto a la demanda. Se ha generado una excesiva producción mundial que no se ha visto compensada de manera equivalente por el consumo, no porque no haya demanda del producto, sino que el exceso de oferta del producto es mayor. 

Debido a esta razón, se ha generado una disminución notable de los precios del café y una caída vertiginosa de las exportaciones en países donde el café, es la fuente principal de ingresos, poniendo en riesgo otros sectores de dichos países.

El exceso de producción en relación a los precios bajos, contribuye a la disminución de la calidad del café, puesto que el dinero retribuido a los productores no es suficiente para el mantenimiento de los cafetales y mucho menos para la inversión de más recurso humano o material en el proceso de producción.

Un producto exportado en condiciones no tan eficientes, afecta la calidad para el consumidor final y no cumplirá con los estándares de exportación de las autoridades de comercio exterior en muchos países, los cuales se apegan a las normas de calidad cuando se trata de productos de consumo.

Si el mercado cuenta con exceso de producción, sumado a la acumulación de inventario de los productores, no es posible conseguir una recuperación de los precios del café, al menos no en corto plazo. El inventario tampoco es infinito; si no existe retribución económica, el cultivo de café puede convertirse en un panorama de ayer.

La crisis del café deteriora todo el proceso de la industria, pero son los agricultores y cultivadores los más afectados, quienes por los precios bajos y la poca inversión, realizan un trabajo básicamente a la fuerza, en la que no se garantiza la calidad del proceso y sus ingresos son prácticamente nulos.



Situación económica de los productores

El abandono del café,  considerar otro tipo de siembras y buscar otras opciones de vida en las ciudades, son las decisiones que han tomado cientos de trabajadores de la industria cafetera que están en una situación económica incómoda debido a esta problemática.

En países como Colombia, el grano de café es la principal exportación y más de 500 mil familias viven de esta industria, por lo que la Federación Nacional de Cafeteros ha llegado a usar términos como “crisis humanitaria” para referirse a las consecuencias de la crisis del café.

Los productores de café suelen recibir entre un 10 y 7 por ciento del precio de venta al consumidor final, en otros países reciben incluso un porcentaje menor.

La caída de los precios del café han provocado el incremento del nivel de pobreza en regiones donde dependen netamente de esta actividad, lo que incide también en que los niños no puedan ir a la escuela por falta de recursos o por la necesidad de trabajar para poder mantener sus hogares.



Condiciones de trabajo de los recolectores de café

Debido a la crisis del café, muchos recolectores trabajan en condiciones parecidas a un régimen de servidumbre en la que el trabajo físico, es básicamente como de esclavos.

Una gran cantidad de regiones cafetaleras con enormes plantaciones de café, recurren a una constante mano de obra por parte de trabajadores durante largas jornadas de trabajo en condiciones precarias.

En vista de que la crisis del café ha conllevado a una menor inversión en maquinaria y menor ingreso a los productores, han recurrido a emplear a miles de hombres y mujeres para el cultivo del café, realizando un trabajo físico y extenuante, por el cual perciben  muy pocos ingresos. Muchos de los recolectores no reciben pagos por horas extras, ni las prestaciones sociales ni beneficios por ley.

Nestlé y Jacbos Douwe Egbert, dos de las empresas más reconocidas a nivel mundial comercializadoras de café, dieron un comunicado en el 2016 reconociendo que en países como Brasil, existe el riesgo que se produzca el café en situación de mano de obra esclava. De igual manera admitieron que es muy posible que el café adquirido provino de plantaciones conocidas por prácticas de trabajo forzado y abuso de los derechos humanos.



La crisis del café y el impacto ambiental

Mucho se habla de oferta y demanda, de precios y producción, pero hay un factor importante que también influye en la crisis del café y probablemente en el futuro de la industria cafetera: el ambiental.

El cambio climático está siendo implacable con el entorno, y la producción del café no se escapa de eso. Debido a este fenómeno, se espera que las áreas de cultivo se reduzcan debido a la erosión de los suelos.

Hasta hace poco, los sistemas de cultivos de café crecen bajo la sombra de los árboles. La sombra otorga muchos beneficios a este proceso, previniendo la erosión de los suelos y creando un refugio sano para las plantas sin necesidad del uso de agente químicos adicionales, pero que requiere de mayor inversión para mantener estas condiciones climáticas. El cultivo a la sombra garantiza mejor calidad del grano y por ende mejor calidad del producto final.

En vista de que la crisis del café ha influido en la disminución de la inversión en el proceso de cultivo bajo la sombra, se ha estado sustituyendo por el que se realiza bajo el sol, el cual requiere de menos inversión y atención.

La productividad del café baja a medida de que se agota la calidad del suelo cuando se hace bajo el sol, por lo que también se utilizan más fertilizantes y pesticidas que comprometen la tierra, dejando menos áreas fértiles para el cultivo y la siembra.

La necesidad de encontrar una solución a la crisis del café y la industria cafetera pide a gritos la revalorización de la producción, recuperando de esa manera no solamente un nicho económico importante para el mundo, sino también crear aportes ambientales y sociales que garanticen la sustentabilidad de la industria para todos los implicados: productores, recolectores y consumidores.



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