Vivimos en un mundo que exalta el pensamiento: los sistemas educativos priorizan el aprendizaje académico. Incluso la palabra inglesa “mindfulness” hace que el tema que vamos a tratar suene como una actividad que solo ocurre desde el cuello hacia arriba. Mientras que en realidad, al entrenarnos para prestar atención plena, esta  atención plena no solo está en la mente, si no que se proyecta en todo nuestro ser.

5 Razones para practicar Mindfulness o Atención plena

  1.  El cuerpo humano es asombrosamente maravilloso y, sin embargo, a menudo damos por sentado lo que es capaz de hacer: nos permite movernos, ver, escuchar, hablar, sentir y saborear... No apreciamos como deberíamos todo lo que nuestro cuerpo significa, tendiendo a descuidarlo hasta que las cosas se sienten mal. Prestar atención a tu cuerpo es super importante, y empezar a hacerlo no es tan difícil como puedes pensar, conecta con él a través de la respiración conscientemente, ya verás como empieza la magia. El cuerpo es un milagro. Practicar mindfulness o "atención plena" nos enseña a apreciar la realidad de ser un cuerpo, de ocupar un espacio y del ser en sí mismo.
  2. Sentimos mediante nuestro cuerpo. Cuando practicamos mindfulness o atención plena, nos preparamos para abrirnos a la experiencia completa que representa estar vivo. Mediante la meditación somos capaces de vivir en el presente, capaces de apreciar el momento a través de nuestras sensaciones corporales. 
  3. El cuerpo está siempre en el presente. Cuando prestamos atención a las sensaciones corporales, nos sentimos naturalmente atraídos por el aquí y el ahora. No puedes sentir ayer o mañana, solo ahora. El cuerpo es, por lo tanto, un ancla natural para lograr la atención plena o mindfulness. Reserva tiempo para conectar con tu cuerpo, con el momento presente.
  4. Conecta con la Tierra prestando atención a tu cuerpo. Cuando traemos la conciencia al cuerpo, "bajamos a la tierra", nos despegamos de nuestros mil pensamientos y conectamos con nuestro entorno. El cuerpo es tangible, y como todas las cosas tangibles, tiene peso, por eso concentrarte en las sensaciones corporales es una buena técnica para que tu mente deje de estar "volando por las nubes" entre ideas y reflexiones que van y vienen. Siendo conscientes de nuestro cuerpo, logramos recalibrar nuestro centro.
  5. Explorar el cuerpo a través de las sensaciones. Si nuestro cuerpo tiene dolor y tratamos de ignorarlo, resistirlo o analizarlo, estamos tratando de vivir fuera de lo físico, cometiendo uno de los errores más comunes. El cuerpo es nuestro hogar, incluso cuando no nos gusta su estado. Con la práctica de la atención plena o mindfulness lograrás entrenar a tu mente para que se concentre en tu cuerpo, y así te será más fácil conectar con tu piel, con tu respiración, ser consciente de cómo se siente el aire en tus manos, la energía que fluye por tu cuerpo, el calor que desprendes, los sonidos de tu entorno.  Dejarás de tratar de controlar con el pensamiento y verás como la atención plena fijada en tu cuerpo te traerá paz.



Práctica de la Atención Plena o Mindfulness

Esta práctica ofrece espacio para experimentar sensaciones de manera plena, abierta y consciente.

  1. Encuentra un lugar donde puedas sentarte cómodamente. Sentándote en una postura erguida, con la columna vertebral recta y larga y las manos sobre los muslos, tal vez te resulte más cómodo sentarte en una silla apoyando tu espalda en el respaldo. Mantén tu columna lo más recta que puedas, pero sin esfuerzo ni rigidez. Puedes cerrar los ojos o mantenerlos abiertos, dejando que la mirada se pierda en el horizonte. Inspira y expira, observa cómo se siente tu cuerpo en esta postura en este mismo momento.
  2. Trae consciencia sobre tu cuerpo y nota las sensaciones. Explora lo que sientes en tu piel, la textura y la temperatura percibidas por las partes de tu cuerpo que se encuentran en contacto con  el suelo, la silla, la ropa, el aire que te rodea. Presta atención también a las sensaciones internas, observa si notas tensión, relajación, presión, fatiga, calor, frío, dolor... Inspira y expira, a un ritmo constante y cada vez más profundo.
  3. Observa las sensaciones y concéntrate en ellas, permitiendo que se sientan plenamente. ¿Te hace sentir bien? ¿Se siente desagradable? Permítete explorar y no las evites, emplea la respiración para guiarte en esta aventura de nuevas experiencias. Inspira y expira, siente la energía. Concéntrate en los pequeños cambios que se irán sucediendo, cómo la intensidad o la calidad de la sensación.
  4. Si la mente vaga, respira y regresa la atención plena a tu cuerpo. Es completamente normal que tu mente se desconecte del momento presente, del ancla que es tu cuerpo, y vague entre el universo de pensamientos, no hay problema. Inspira y expira, recuerda que la respiración es como la cuerda que sujeta al ancla. Inspira y expira, poco a poco, sin forzar, empezarás a devolver la atención plena a tu cuerpo. Recuerda que el mindfulness o la atención plena sólo se alcanza tras una práctica rigurosa y constante, por lo que no te castigues, si desconectas, acéptalo, lo mejor que puedas, con amabilidad.
  5. ¿Y si mi mente se siente muy dispersa? Si hay días en los que notas que tu mente está dispersa y te resulta casi imposible centrarte en las sensaciones corporales, inspira y expira, es decir respira de manera consciente, eso es todo lo que necesitas para reforzar la atención plena o mindfulness. 
  6. 10 minutos para ti. El mindfulness o atención plena representa trabajo, como hemos repetido a lo largo de este artículo, sólo llegarás a lograr la atención plena en el cuerpo o en el momento presente, que viene a ser lo mismo, tras practica y más práctica, por eso es importante que encuentres entre 5 o 10 minutos para sentarte cada día. No hay excusas que valgan. 



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